lunes, mayo 11, 2026

Historia/ Los himnos nacionales: El alma de las naciones entre la tradición y la globalización

En el marco del Día del Himno Nacional Argentino, el especialista José Jorge Chade reflexiona sobre la vigencia de estos símbolos como «tarjetas de presentación» al mundo y su capacidad para unir sociedades en tiempos de cambio.

Este 11 de mayo se celebra el Día del Himno Nacional Argentino, conmemorando la fecha de 1813 en la que la Asamblea General Constituyente aprobó la «Marcha Patriótica» de Vicente López y Planes y Blas Parera. En este contexto, el Dr. José Jorge Chade analiza la importancia de estas composiciones no solo como piezas musicales, sino como herramientas fundamentales de cohesión social e identidad política.

Para Chade, el valor de estas piezas trasciende lo protocolar. “El himno nacional expresa el alma, el carácter de una nación y escuchar sus notas durante celebraciones solemnes y eventos internacionales representa un momento de profunda emoción y cohesión”, señala el autor. Según su visión, estas obras operan como símbolos de unidad que, junto a las banderas y las monedas, fortalecen los valores cívicos internamente y mejoran la imagen del país hacia el exterior.

Identidad en la era global

Uno de los puntos centrales del análisis de Chade es la vigencia de estos símbolos en un mundo interconectado. Ante la pregunta de si todavía es necesario un himno en la era posnacional, el autor es pragmático: “Mientras existan el Mundial y los Juegos Olímpicos, donde compitan las selecciones nacionales, también habrá himnos nacionales”.

Sin embargo, destaca que el asunto es más profundo. Chade define a los himnos como la “tarjeta de presentación hacia el exterior”, explicando que “la música, las voces, los idiomas, las letras y las emociones de los himnos tocan varios sentidos y regiones del cerebro humano”. En estados de reciente formación, incluso, llegan a percibirse como una suerte de “religión civil”.

El desafío del paso del tiempo

Chade advierte que, dado que muchas letras fueron escritas hace más de un siglo, a veces surge una desconexión con los valores actuales. “Los himnos nacionales son una instantánea de la historia y dicen mucho sobre el patriotismo, el idioma y la devoción en el momento de la fundación del estado”, explica.

Esta «solución forzada» ha llevado a varios países a adaptar sus símbolos:

  • Alemania: Eliminó las primeras estrofas tras la Segunda Guerra Mundial.
  • Bosnia y Herzegovina: Adoptó una canción sin letra para evitar conflictos étnicos.
  • España: Su himno solo existe en versión musical sin letra oficial desde hace décadas.
  • Austria: Reformuló partes del texto para hacerlas neutrales en términos de género.

Sobre estos cambios, Chade es enfático en que “renovar un himno implica un proceso democrático”, subrayando que lo ideal es dar siempre a la población la última palabra mediante referéndums o debates parlamentarios.

La historia de la «Marcha Patriótica» Argentina

El artículo de Chade también recorre la genealogía de nuestro propio símbolo. Recordó que fue en la sesión del 11 de mayo de 1813 cuando la obra de López y Planes obtuvo el respaldo de la Asamblea. En 1860, Juan Pedro Esnaola enriqueció la armonía que se mantiene hasta hoy.

Un dato clave que resalta el autor es la síntesis que sufrió la canción para su uso oficial: “En 1900, un decreto firmado por el presidente Julio Argentino Roca dispuso que sólo se cantaran la primera y la última cuarteta y el coro de la Canción Nacional”, una medida ratificada luego en 1944 para unificar la versión que hoy entonamos.

Finalmente, el autor recuerda algunas normas de respeto que rigen en nuestro país: el Himno solo se entona en actos presididos por la Bandera Nacional, los asistentes deben estar de pie con los brazos al costado del cuerpo y, al finalizar, se debe aplaudir (con excepción de abanderados y escoltas). “La jerarquía del Himno Nacional es superior a cualquier otra marcha o himnos provinciales”, concluye Chade, reafirmando su lugar como el máximo emblema sonoro de la argentinidad.

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