martes, junio 16, 2026

Eloy Marchán: «Ganó, pero el núcleo duro de Keiko Fujimori es de solo el 17 %»

El director de «El Foco» y periodista de «Hildebrandt en sus trece», Eloy Marchán, analizó en el programa de 617 Multiplataforma en YouTube «¿¡Qué mundo tenemos!?» el triunfo de Keiko Fujimori, el peso decisivo del voto de los peruanos en el exterior, la crisis de representación política y los riesgos de una nueva concentración de poder en Perú. “No ganó el caos, pero ganó la mano dura”, advirtió.

En el Capítulo 6 de la serie «¡¿Qué mundo tenemos!?»conducido por Gabriel Conte en 617 Multiplataforma por su canal de YouTube, se analizó a fondo lq situación peruana, ya en su desenlace y con Keiko Fujimori consagrada como segura presidenta de ese país, con un gran apoyo del voto en el exterior.

Luego de repasar la alterada historia institucional en las últimas décadas, y tras subrayarse la coincidencia de que un mismo día, pero 36 año después y con la misma edad, 51, Keiko es elegida presidenta igual que Alberto Fujimori, su padre, un 10 de junio.

Durante el programa, además de informes especiales y el meticuloso análisis, se sumó el testimonio desde lima del periodista Eloy Marchán, que trabaja en el semanario «Hildebrandt en sus trece» y es director del portal «El Foco».

– ¿Qué es lo que está pasando en este Perú que tiene a todo el mundo pendiente, especialmente a los países vecinos?

– Lo que va a ocurrir en los próximos días o semanas es una situación que, desde el punto de vista estadístico y del análisis político, parece irreversible. Keiko Fujimori terminará imponiéndose en la segunda vuelta y Roberto Sánchez quedará derrotado. De ese modo, Fujimori llegará finalmente a la Presidencia del Perú en su cuarto intento.

En este momento el escrutinio está prácticamente concluido. Se ha contabilizado alrededor del 98% de los votos. Quedan algunas actas por procesar y otras que están siendo revisadas por los jurados electorales debido a errores menores, como inconsistencias en sumas o firmas fuera del espacio correspondiente. La mayoría de esas actas provienen de Lima y favorecen a Fujimori. Todo indica que, cuando finalice el proceso, ella será declarada ganadora.

– ¿Ese resultado puede derivar en una judicialización o en una escalada de protestas y conflictos sociales?

Judicializar la elección parece tener pocas posibilidades de modificar el resultado. Las principales instituciones del sistema de justicia tienen una relación de cercanía con el fujimorismo y eso condiciona cualquier expectativa de cambio por esa vía.

Lo que sí está ocurriendo es que el partido Juntos por el Perú presentó impugnaciones sobre numerosas actas, principalmente provenientes del exterior. Y aquí aparece un dato clave: si Keiko Fujimori termina siendo presidenta, será gracias al voto de los peruanos residentes fuera del país. Dentro del Perú, Roberto Sánchez obtuvo una ventaja muy ajustada.

Es una situación bastante singular. El resultado final terminaría dependiendo de ciudadanos que no viven actualmente en Perú y, en muchos casos, llevan años fuera del país.

– Si finalmente asume, ¿no sería simplemente la formalización de un poder que Keiko Fujimori ya ejerce desde hace años detrás de escena?

Sí. Justamente hoy conversaba con el politólogo Alonso Cárdenas sobre ese fenómeno. Perú pasó del presidencialismo absoluto de Alberto Fujimori a una etapa en la que el Congreso concentró gran parte del poder político. Ahora podría volver a un presidencialismo fuerte, con la presidenta controlando distintos organismos e instituciones del Estado.

Además, ya comienzan a verse señales de conflictividad. Desde mi oficina, en el centro de Lima, se escuchan manifestaciones y protestas. Hay una parte importante de la población que no acepta estos resultados.

-También puede abrirse una oportunidad para que la oposición se reorganice. Hasta ahora existió más un antifujimorismo que una alternativa consolidada. ¿Ves posible que surja una oposición más sólida?

– Como ciudadano me gustaría pensar que sí, pero como periodista lo veo difícil.

Juntos por el Perú es un conglomerado muy heterogéneo. Conviven sectores vinculados al antaurismo, grupos de izquierda tradicional, dirigentes cercanos a Pedro Castillo y otros espacios con agendas muy diferentes. No existe una conducción unificada.

Las demás fuerzas opositoras tampoco parecen tener una estructura capaz de articular una alternativa consistente. Por eso veo complicado que surja rápidamente una oposición cohesionada.

-Si tuvieras que imaginar el tono del futuro gobierno de Keiko Fujimori, ¿lo ves más parecido al de su padre o más cercano a fenómenos actuales como Javier Milei, Nayib Bukele o Daniel Noboa?

En mi tesis de maestría en la Universidad Complutense estudié precisamente el fujimorismo y el populismo autoritario.

Mi conclusión es que muchas de las características que hoy observamos en distintos liderazgos ya habían aparecido durante el gobierno de Alberto Fujimori. La combinación de mano dura, liderazgo personalista y apelación directa a la ciudadanía tiene antecedentes muy claros en Perú.

Por eso creo que Keiko Fujimori intentará replicar el modelo original: autoridad fuerte, discurso de orden y políticas de corte populista. Ella misma lo ha dicho durante la campaña al afirmar que gobernará siguiendo el legado de su padre.

-Si Roberto Sánchez hubiera ganado, ¿habría podido gobernar?

 Probablemente no por mucho tiempo. Lo más probable era que enfrentara rápidamente intentos de destitución, como ocurrió con otros presidentes en los últimos años.

La elección enfrentaba dos escenarios muy distintos: por un lado, la continuidad del caos institucional; por otro, una concentración extrema del poder.

Ninguna de las dos alternativas representaba una solución ideal. Desde el periodismo debemos mantenernos alertas porque ambos modelos planteaban riesgos importantes para la democracia y la institucionalidad.

-Hay algo que siempre me llama la atención. ¿Por qué sigue ganando votos Keiko Fujimori a pesar de la historia de su apellido y de las críticas que arrastra desde hace décadas?

– En realidad, cuando se analiza la primera vuelta, se observa que su núcleo duro es relativamente pequeño. Obtuvo alrededor del 17% de los votos. Ese es su verdadero caudal de apoyo.

Lo que ocurre es que el sistema político peruano está profundamente fragmentado. Hubo 36 candidaturas presidenciales. Ningún espacio logró representar de manera contundente a la ciudadanía.

Perú funciona hoy como un archipiélago político: muchas pequeñas islas sin un proyecto común. En ese contexto, la isla más grande termina imponiéndose.

Por eso sostengo que la democracia representativa atraviesa una crisis profunda en el país.

– Entonces, ¿Keiko gana más por rechazo al adversario que por adhesión propia?

Exactamente. Muchos sectores económicos y empresariales tampoco se sienten plenamente representados por ella. La consideran un mal menor frente a la alternativa.

El problema es que llega al poder con una sociedad profundamente dividida. Aproximadamente la mitad del país la rechaza. Eso anticipa un escenario de tensión permanente, protestas y conflictividad política.

Cuando uno observa el mapa electoral encuentra un país fracturado. Hay regiones donde el rechazo a Fujimori supera ampliamente el 80 o el 90%, mientras que en Lima sucede lo contrario.

Ese es el gran desafío que enfrentará el próximo gobierno: gobernar un país partido en dos.

Repasá abajo anteriores capítulos de «¡¿Qué mundo tenemos!?»

Seguí leyendo