Se cumplió un año del fallecimiento del Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, y su amigo mendocino y anfitrión en al menos tres oportunidades en Mendoza, Daniel Pereyra, hizo un sencillo pero sentido homenaje.
«Al gran escritor, al Premio Nobel Mario Vargas Llosa, pero ante todo al entrañable ser humano y mejor amigo. A un año de tu partida, permanecen intactas tus enseñanzas y las vivencias compartidas. Simplemente, GRACIAS MARIO».
Con sencillas, pero muy sentidas palabras, Daniel Pereyra, amigo mendocino de Mario Vargas Llosa recordó el primer año de su fallecimiento.
Pereyra, que lo recibió en Mendoza en al menos tres oportunidades, pero lo acompañó muchas más en Argentina e, inclusive, en otros países, debe ser una de las personas que más diálogos atesora con el gran escritor peruano español.
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Eligió para recordarlo la foto acompañándolo en su conferencia en el Teatro Independencia ya en 1995, en donde habló de Educación y despertó una controversia mayúscula.
Cacheteó a un auditorio variopinto con su propuesta de privatizar la educación pública. Entre las casi mil personas que lo siguieron en el Teatro Independencia hubo gente que lo admiraba desde los tiempos del “boom”, nuevos seguidores conseguidos por su prédica política, desencantados que vivían la tensión entre “aquel” y el reinventado autor; y también los que le perdonaban todo por pura admiración, pasión o cholulismo.
Llegó a Mendoza invitado por la Fundación Alberdi, miembro de Red Libertad, liderada aquí por Daniel Pereyra.
Vargas Llosa sostuvo entonces que “el actual desnivel entre la educación privada es una injusticia y establece una diferencia absolutamente inaceptable desde el punto de vista moral y del principio de la libertad».
Fundamentó sus palabras aseverando que en la mayoría de los países la educación pública está muy por debajo de la calidad de la educación privada y pegó el golpe, del que dieron cuenta los medios de todo el país: “Hay que privatizar enteramente la educación dejando que funcione dentro del mecanismo de la eficiencia y del mercado».
«La obligatoriedad de la enseñanza que yo defiendo –dijo- puede mantenerse de una manera infinitamente más eficaz con un sistema totalmente privatizado».
Sin embargo lo que estaba planteando no era otra cosa que cargarle al Estado la responsabilida de financiar a las empresas educativas, lo que no fue muy liberal de su parte. Sostuvo, como método para emprender su propuesta, que “el Estado debería entregar cupones a las familias para que elijan libremente los colegios donde enviar a sus hijos».
Hoy, ni siquiera quienes comparten sus ideas políticas se animarían a confirmar su propuesta como válida, en aquellos mismos términos.
Lo cierto es que Vargas Llosa provocó y consiguió respuesta y repercusiones.
La gente no supo si aplaudir o no, pero finalmente las repercusiones vinieron después. Lentos de reflejos, en el público cundieron diversas actitudes:
– aplaudir porque estaban de acuerdo;
– aplaudir porque todos los hacía;
– aplaudir porque “queda bien”;
– no aplaudir y mirar al de al lado para tratar de dar crédito a lo que el gran escritor estaba diciendo; o
– pararse, irse y esperar en el hall o sobre calle Chile para comentar el asunto con algún otro el, digamos, “incidente Vargas Llosa”.
Un grupo de intelectuales recurrió, en la semana siguiente, al diario Uno, para pedirle que publicara las opiniones en disonancia, que eran muchas. La idea de los impulsores del debate era que una vez reunidas esas respuestas a Vargas Llosa éste se dignara responderlas. El propio diario polemizó con el autor, fuertemente.
Lo primero pasó: varios mendocinos pudieron enfocarse en las fuertes palabras del autor que hoy fue notificado del Premio Nobel y sus textos, publicados. Pero Vargas Llosa se negó. (O por lo menos, eso nos dijeron).

