Según destaca la escritora Marcela Muñoz en una nota publicada en diario Memo, la aprobación unánime en el Senado marca un reconocimiento histórico al aporte cultural, productivo e identitario del Este mendocino. Ahora le toca darle sanción definitiva a Diputados.
El Senado de Mendoza aprobó por unanimidad la media sanción a la ley que declara a la Ruta del Vitimigrante como Patrimonio Cultural Inmaterial de la provincia, en lo que constituye un hecho histórico para el reconocimiento del Este mendocino. Tal como señala Marcela Muñoz en su nota publicada en diario Memo, la medida no solo implica un avance legislativo, sino también una reivindicación profunda de la identidad regional.
De acuerdo con lo expuesto por Marcela Muñoz, este reconocimiento pone en valor una geografía muchas veces invisibilizada, donde el esfuerzo humano logró transformar el desierto en oasis productivo. La autora describe este proceso como una construcción colectiva en la que confluyen la sabiduría ancestral del pueblo huarpe y el aporte de los inmigrantes que impulsaron la vitivinicultura en la región.
En su artículo, Marcela Muñoz subraya que la declaración como patrimonio no se limita a un trazado territorial, sino que busca preservar el “alma productiva” del Segundo Distrito, integrado por departamentos como Junín, San Martín, Rivadavia, Santa Rosa y La Paz. En este sentido, la ruta representa un legado cultural que abarca prácticas, saberes y tradiciones vinculadas al trabajo de la tierra y al uso del agua.
Asimismo, destaca que el proyecto tiene una base sólida tanto en el ámbito académico como en el desarrollo territorial. Entre sus impulsores menciona al historiador Pablo Lacoste, quien documentó el origen de la vitivinicultura desde la época colonial, así como a Juan Blánquez y al Clúster Mendoza Este, que promovieron la iniciativa como herramienta de visibilización y desarrollo regional.
En el plano legislativo, según consigna Muñoz, la senadora provincial María Beatriz Galiñares fue clave para concretar la iniciativa, aportando su conocimiento del territorio y logrando el consenso necesario para su aprobación unánime. La legisladora defendió la ruta como un “testimonio vivo” que integra distintas tradiciones culturales y técnicas productivas.
Entre los aspectos centrales de la ley, menciona que el reconocimiento abarca el proceso de transformación del desierto en oasis entre 1870 y 1960, y que cumple con los criterios establecidos por la UNESCO en materia de patrimonio cultural inmaterial. Además, se proyecta como una herramienta para impulsar el ecoturismo y posicionar al Este mendocino en el escenario internacional.
Finalmente, tal como concluye Muñoz en su artículo, la Ruta del Vitimigrante simboliza el vínculo entre pasado y presente, y representa una oportunidad para fortalecer la identidad regional. Más que un recorrido geográfico, se trata de un testimonio vivo de quienes construyeron, con esfuerzo y conocimiento, una de las principales matrices productivas de Mendoza.
