Ismael Farrando y Jimena Estrella advierten en un artículo de fondo que publicó el diario Los Andes, sobre el impacto de la inteligencia artificial y la economía “gig” y proponen una transformación profunda en la formación universitaria para evitar egresados “obsoletos”.
En los inicios del debate por el futuro de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), dos de sus aspirantes a la conducción, Ismael Farrando y Jimena Estrella, hicieron pública su mirada sobre uno de los desafíos centrales que enfrenta la educación superior: la transformación del mundo del trabajo y su impacto directo en la formación profesional.
En un artículo conjunto, ambos plantean que los modelos tradicionales —basados en estructuras rígidas, horarios fijos y trayectorias lineales— están siendo rápidamente superados por nuevas dinámicas impulsadas por la inteligencia artificial, la digitalización y cambios sociales más amplios, como el aumento de la esperanza de vida y las nuevas expectativas de las generaciones jóvenes.
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Según sostienen, el mercado laboral actual se caracteriza por la flexibilidad, el trabajo remoto, la organización por objetivos y la creciente presencia de la llamada “economía gig”, un modelo basado en tareas puntuales y proyectos temporales. Este esquema, advierten, redefine la relación entre las personas y el trabajo: “ya no hay una pertenencia estable, sino una construcción dinámica, muchas veces inestable”.
Frente a este escenario, Farrando y Estrella plantean una pregunta central: si la universidad está preparada para formar profesionales en este nuevo contexto. La respuesta, implícita en su análisis, es crítica. Alertan que insistir en formatos educativos tradicionales puede derivar en una formación desconectada de la realidad y, en consecuencia, en egresados con dificultades para insertarse en el mundo laboral.
En ese sentido, proponen avanzar hacia un modelo basado en competencias más que en contenidos estáticos, con trayectos formativos más flexibles, cursos cortos, propuestas híbridas e incluso internacionales. También subrayan la necesidad de repensar el rol docente, pasando de una lógica centrada en la transmisión del conocimiento a otra más orientada al acompañamiento y la mentoría.
El planteo se inscribe, además, en los lineamientos de la Ley de Educación Superior 24521, que promueve la diversificación de la oferta académica y la adaptación a las demandas sociales y productivas. Para los autores, cumplir con ese mandato implica asumir el cambio de paradigma y evitar que la universidad quede rezagada frente a la velocidad de transformación del conocimiento, cuya vigencia —advierten— puede no superar los cinco años.
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Finalmente, los aspirantes sostienen que el desafío no es solo académico, sino también social: formar profesionales capaces de adaptarse a distintos formatos laborales a lo largo de su vida, sin perder de vista la equidad en el acceso al conocimiento. En esa línea, plantean una universidad que acompañe a las personas más allá del grado, en un proceso de formación continua.
La discusión, concluyen, no es teórica ni lejana: define el presente y el futuro de la educación superior. Y, en ese marco, el rumbo que adopte la UNCuyo será clave para determinar si logra anticiparse a los cambios o queda atrapada en esquemas que ya no responden a las demandas del mundo actual.
