COLUMNISTAS INVITADOS. Escribe Lucas Inostroza. Un análisis sobre cómo la vestimenta y la imagen digital de los dirigentes mendocinos definen su mensaje político, desde el chaleco «anti-escritorio» hasta el traje de Estado.
Para Lucas Inostroza, la política nunca ha sido únicamente una batalla de ideas, sino un ejercicio constante de representación visual que hunde sus raíces en la Antigua Roma. Desde la toga candida que vestían los aspirantes al foro hasta el scroll infinito de las redes sociales, el autor plantea que la imagen no es un accesorio, sino una herramienta de posicionamiento estratégica e inmutable que comunica valores antes de que el candidato siquiera abra la boca.
En este análisis, Inostroza desglosa cómo los principales referentes mendocinos construyen su propia «toga digital». A través de un recorrido por los perfiles de figuras como Ulpiano Suarez, Luis Petri o Flor Destéfanis, el autor explora cómo el vestuario segmenta audiencias y comunica arquetipos de gestión, autoridad o cercanía en un escenario donde parecer apto es, muchas veces, tan crucial como serlo.
La columna completa de Lucas Inostroza
De la toga romana al feed de Instagram: la construcción visual del candidato en Mendoza
La palabra «candidato» tiene un origen profundamente político que revela una regla inmutable: la política siempre fue, en parte, una puesta en escena.
El término proviene del latín candidatus, derivado de candidus («blanco brillante»). En la República romana, quienes aspiraban a ocupar una magistratura debían presentarse en el foro vistiendo una toga candida, blanqueada con tiza para intensificar su luminosidad. No era una moda; era un código estricto de posicionamiento.
El blanco operaba como un mensaje directo. Permitía identificar rápidamente al aspirante en la multitud, pero sobre todo, escenificaba pureza, honestidad y rectitud moral. El candidato no solo pedía el voto: se vestía de idoneidad. Desde la consultoría política, esta es la primera lección documentada de construcción de imagen pública. No bastaba con tener alianzas; había que «parecer» apto para gobernar.
Hoy, la toga candida ya no es literal, pero la lógica del «uniforme político» es más fuerte que nunca. La estética personal, la paleta de colores, la ausencia o presencia de corbata, son la tiza con la que hoy se blanquea al dirigente. Quienes compiten por el poder diseñan su propia toga digital para destacar en el ágora de las redes sociales.
Si cruzamos este concepto con los perfiles de Instagram de los dirigentes mendocinos con proyección hacia la gobernación, el resultado es revelador. Nadie está vestido al azar. En el scroll infinito, el uniforme define el arquetipo:
1. El uniforme de gestión (la hegemonía de la camisa)
Los dirigentes con base territorial entienden que su mayor capital para disputar el sillón de San Martín es mostrarse como «hacedores». Han adoptado el saco sin corbata o la camisa arremangada como el estándar de la cercanía ejecutiva.
- Matías Stevanato y Emir Félix: Ejecutan a la perfección el manual del gestor empático. Camisa celeste o blanca, saco azul o gris, cuello abierto. Es la estética transversal por excelencia: «estoy trabajando, pero soy accesible». Transmiten estabilidad tradicional.
- Tadeo García Zalazar: Su arquetipo es el tecnócrata de resultados. Comparte el código de la gestión, pero su registro es mucho más institucional y burocrático (firmas, paneles, escritorios). Su «toga» es la eficiencia radical, aunque sacrifica calidez visual.
- Ulpiano Suarez: El arquetipo del «gestor urbano y dinámico». Mezcla el saco de gestión con ropa de alta montaña, lentes de sol deportivos y bicicletas. Su branding asocia su imagen personal al estilo de vida de la Ciudad de Mendoza: moderno, activo, sustentable y fit. Su «toga» transmite vitalidad; no es el político de escritorio, es el político en movimiento.
2. El traje del poder (la vía nacional)
- Luis Petri: Es el único que utiliza sistemáticamente el traje oscuro con corbata. Su «toga» no busca la cercanía barrial; proyecta estatura de Estado y orden. Su feed refleja su rol como actual diputado nacional, pero con un empaque visual que apunta a lo más alto del Ejecutivo, sumando un factor aspiracional y de celebrity junto a su pareja. Juega en otra liga visual, apostando a la investidura formal por sobre el barro territorial.
3. La identidad de nicho y la calle
Aquí vemos cómo la vestimenta segmenta y le habla a públicos muy específicos:
| Candidato | Prenda Clave | Mensaje Proyectado |
|---|---|---|
| Emanuel Fugazzotto | Color verde | Branding temático, técnico y legislativo. |
| Mario Vadillo | Chaleco inflable | Cercanía extrema, «calle» y perfil anti-escritorio. |
| Gabriel Sottile | Traje sin corbata | Juventud corporativa; renovación con autoridad. |
| Lautaro Jiménez | Camisa a cuadros | Antiestética burguesa; colectivo y resistencia. |
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4. Las lideresas: entre la curaduría y la fluidez
- Flor Destéfanis: La líder curada. Tiene uno de los ecosistemas visuales más pulidos. Usa muchísimo el blanco, las blusas claras y retratos de alta gama. Su imagen es limpia y firme, explicitando su ambición de poder («Quiero ser presidenta»). Entiende que la imagen inmaculada proyecta autoridad automática.
- Anabel Fernández Sagasti: La estética fluida. No tiene un uniforme sistematizado. Su feed es una montaña rusa visual: del traje rojo fuego (un statement de liderazgo fuerte) a la ropa informal de pura militancia. Prioriza el registro de la acción política por sobre la consolidación de un empaque personal.
La pregunta incómoda
Viendo este ecosistema donde todos intentan comunicar «pureza de intenciones» a través de trajes a medida, chalecos de calle o ropa de montaña, surge una pregunta de laboratorio para los asesores de campaña: ¿Qué pasaría si un candidato a gobernador decidiera volver al origen y vestirse de blanco inmaculado en todas sus apariciones públicas para diferenciarse del resto?
La trampa es creer que la literalidad romana todavía funciona. Hoy, un candidato vestido 100% de blanco no comunicaría pureza; en el ecosistema actual, leeríamos a un gurú espiritual desconectado de la realidad, a un líder mesiánico o, en el mejor de los casos, a un médico de guardia.
La pureza y la honestidad ya no se visten de tiza blanca. Hoy, la toga candida se construye con buena iluminación, calidad de audio, ausencia de ruido visual en el encuadre y una coherencia brutal entre lo que el dirigente viste y lo que hace cuando cree que nadie lo está grabando. El papelón moderno no es mancharse la camisa; es que el votante descubra que estás usando un disfraz.
