jueves, abril 16, 2026

Carrera por la ONU: el «factor Kast» sacude la candidatura de Bachelet y qué chances hay de que algún argentino avance

NOTICIAS. A medida que se formaliza la búsqueda del sucesor de António Guterres, la región se convierte en un polvorín diplomático. El retiro del apoyo oficial de Chile a la expresidenta Bachelet, las divisiones en la política argentina y el rol clave del OIEA en Oriente Medio redefinen las chances de los favoritos.

La carrera por el décimo piso del edificio de cristal de las Naciones Unidas ha entrado en una fase de definiciones críticas y giros inesperados. Lo que comenzó como un reclamo histórico para que una mujer lidere por primera vez el organismo, se ha transformado en una compleja partida de ajedrez donde las ideologías nacionales y los ecos de conflictos bélicos recientes pesan más que las credenciales diplomáticas.

El «terremoto» chileno: Bachelet sin el aval de La Moneda

El escenario para Michelle Bachelet cambió drásticamente tras el cambio de signo político en su país. Si bien el gobierno de Gabriel Boric la había postulado con entusiasmo ante la Asamblea General en septiembre pasado, el actual gobierno de José Antonio Kast ha definido oficialmente que no mantendrá ese apoyo. La decisión de La Moneda de retirar el aval a Bachelet responde a una «incompatibilidad de visiones» respecto al rol de los organismos multilaterales y la gestión de los derechos humanos.

Sin embargo, la exdirectora de ONU Mujeres no está sola. A pesar del vacío de su propio gobierno, Bachelet mantiene un sólido bloque de apoyo internacional. Gobiernos como los de Pedro Sánchez en España y Emmanuel Macron en Francia ven en ella la figura de «consenso progresista» necesaria para moderar un Consejo de Seguridad fracturado. Asimismo, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha sido uno de sus principales promotores en la región, argumentando que su experiencia como Alta Comisionada es un activo irrenunciable para la ONU.

La grieta argentina: Cobos y la apuesta por la vecina

En Argentina, el panorama es igualmente inusual. A pesar de que el país cuenta con dos candidaturas propias de peso —encabezadas por Rafael Grossi—, el exvicepresidente y actual referente legislativo Julio Cobos ha manifestado públicamente su apoyo a Michelle Bachelet.

Esta postura ha generado cortocircuitos en la diplomacia argentina. Cobos defiende su posición bajo la lógica de la «integración transandina» y el peso específico de Bachelet en la estructura de la ONU, mientras que los sectores cercanos a la Cancillería califican este apoyo como una deslealtad hacia los candidatos nacionales que buscan capturar el voto de las potencias centrales.

Rafael Grossi y el escenario post-guerra en Irán

El argentino Rafael Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), se perfila como el candidato con mayor roce en situaciones de crisis extrema. Su gestión durante la llamada “guerra de los 12 días” en junio pasado, que enfrentó a Irán en un conflicto de escala regional, lo ha dejado en una posición ambivalente.

  • Puntos a favor: Su capacidad de mantener inspectores en zonas de conflicto y su firmeza para evitar una escalada nuclear le han valido el respaldo total de Italia (país de su segunda nacionalidad) y de sectores del Departamento de Estado de EE. UU. que buscan un perfil técnico y «duro» ante el avance del programa atómico iraní.
  • Puntos en contra: Las amenazas recibidas por sectores vinculados a Teherán, que lo acusan de parcialidad hacia Israel, han elevado su perfil de riesgo. Para China y Rusia, un Secretario General que viva bajo «máxima protección» y sea percibido como un actor directo en el conflicto de Oriente Medio podría ser motivo de veto, buscando un perfil más mediador y menos confrontativo.

El «tapado» y el factor mujer

Mientras Bachelet y Grossi acaparan los titulares, Rebeca Grynspan (Costa Rica) se mueve con cautela en el terreno de la economía y el comercio. Como jefa de la UNCTAD, Grynspan representa el ala del «desarrollo» y cuenta con el apoyo silencioso de varios países del G77, que prefieren una gestión enfocada en la desigualdad global tras la inestabilidad bélica.+1

Con el Consejo de Seguridad bajo la sombra de los cinco miembros permanentes (EE. UU., Rusia, China, Francia y Gran Bretaña), el proceso entra ahora en la etapa de los «diálogos oficiosos». La carta de Guterres fue clara: es el tiempo de las mujeres. No obstante, en un mundo que aún se recupera de la tensión en el Golfo, la pregunta que recorre los pasillos de Nueva York es si la ONU elegirá a una líder por su trayectoria humanitaria o a un «bombero» diplomático capaz de gestionar la era atómica.

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