viernes, abril 17, 2026

Analista invitado: Eduardo Muñoz, sobre la AFA y la diplomacia

COLUMNISTAS INVITADOS. El criminólogo Eduardo Muñoz le pone onda para describir un hecho que suena, a primeras, como insólito. Pero nada ya lo es en la nueva realidad del mundo.

La reciente liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo, tras 448 días detenido en Venezuela, reveló un dato inesperado sobre cómo circula hoy el poder y la influencia en la Argentina. Parte de las gestiones que facilitaron su regreso no surgieron de la diplomacia formal, sino de contactos vinculados al mundo del fútbol y a la dirigencia de la Asociación del Fútbol Argentino, encabezada por Claudio “Chiqui” Tapia. Según reportes periodísticos, la intermediación de ese entorno deportivo ayudó a destrabar negociaciones que durante más de un año habían resultado infructuosas por los canales institucionales tradicionales. 

Ese episodio sirve como punto de partida para la reflexión del criminólogo Eduardo Muñoz. En su columna, el autor propone una mirada provocadora sobre el funcionamiento del poder en el país: cuando el Estado pierde capacidad de respuesta, los ciudadanos buscan soluciones en otros circuitos de influencia. A partir del caso de argentinos atrapados en un conflicto internacional que decidieron escribir directamente al presidente de la AFA en lugar de acudir a la diplomacia, Muñoz explora una paradoja profundamente argentina: en situaciones críticas, muchos confían antes en las redes informales del fútbol que en las estructuras formales del Estado. Su análisis invita a pensar qué revela esa elección sobre la relación entre sociedad, poder y Estado en la Argentina contemporánea. 

La columna completa de Eduardo Muñoz

Cuando hay una guerra, los argentinos llaman al fútbol

«La peor negociación es la que nunca se inicia. Por eso acudimos a usted.»

El destinatario de esa carta no era el canciller. No era el embajador. Era Claudio Tapia, presidente de la AFA. Los firmantes: 630 argentinos varados en Dubái en medio de una guerra, con una embajada a pocas cuadras que les publicó un video en Facebook y les recomendó viajar a Omán. Cuando llegaron, los vuelos estaban cancelados.

Entonces le escribieron al fútbol.

No es una ironía. Es un diagnóstico.

Cuando el poder real circula por otro lado

La decisión tiene su lógica. Tapia acaba de participar en gestiones que ayudaron a destrabar el regreso del gendarme Nahuel Gallo tras 448 días detenido en Venezuela. No hubo aviones militares ni protocolo consular visible. Hubo algo distinto: una red de contactos construida en el ecosistema más conectado del planeta, el del fútbol.

Esa información circuló, se procesó y produjo una conclusión sencilla: si el Estado no pudo resolver aquello, probablemente tampoco resolvería esto. Mejor llamar a quien ya demostró que puede abrir puertas.

Puede sonar extraño, pero en Argentina el fútbol nunca fue solo un deporte. Durante décadas también funcionó como una red informal de contactos, mediación y poder que atraviesa gobiernos, empresas y fronteras. En algunos momentos incluso termina operando donde el Estado no llega.

La capacidad existió

En octubre de 2023, tras el ataque de Hamás, Argentina activó el operativo «Regreso Seguro»: aviones Hércules, red consular coordinada, registro organizado de ciudadanos. Esa capacidad existió y se utilizó.

Esta vez, no.

España repatrió 3.500 personas utilizando sus fuerzas militares. Un funcionario de Cancillería explicó la diferencia sin rodeos: «En los países serios, la Fuerza Aérea se encarga de la repatriación». Argentina, dijo, ya no tiene esa capacidad.

Lo que no dijo es que esa capacidad no desapareció sola.

Esto no es sobre Tapia

La AFA tiene sus propias investigaciones, sus propias sombras y sus propios problemas de gobernanza. Esa es otra discusión.

Esta columna trata de otra cosa: de lo que revela que 630 argentinos en una zona de guerra hayan calculado, fríamente, que una federación de fútbol era su mejor opción.

Cuando el Estado tiene el deber de actuar, tiene los antecedentes para hacerlo y tiene información suficiente para anticipar el riesgo, su inacción no es un accidente. Es una decisión.

Y esa decisión tiene un costo que no aparece en ningún presupuesto: el de los ciudadanos que aprenden, a fuerza de experiencia, que el Estado no va a llegar primero.

El fútbol no es más eficiente que el Estado argentino.

Es que el Estado argentino dejó de competir.

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