Recopilo aquí el trabajo periodístico realizado en momentos más álgidos para el tema. Investigaciones de los historiadores Andrea Greco, Luciana Sabina y Pablo Lacoste agregaron datos reales y fuertes sobre la presencia real o inventada mapuche en Mendoza y el sur argentino. A partir de documentos coloniales, crónicas históricas y estudios académicos, reconstruyen el origen de ese pueblo en Chile, su expansión hacia el este de la cordillera y la composición de los pueblos indígenas que habitaban Cuyo antes de ese proceso, en una discusión donde historia, identidad y política vuelven a cruzarse.
En los últimos años, el debate sobre la presencia histórica del pueblo mapuche en Argentina —y particularmente en Mendoza— volvió al centro de la discusión pública. Reclamos territoriales, decisiones administrativas del Estado y posicionamientos políticos reavivaron una pregunta que parece simple pero que abre un campo complejo: qué pueblos habitaban realmente el sur mendocino antes de la conformación del Estado argentino.
Mientras organizaciones reivindican identidades indígenas vinculadas al pueblo mapuche, distintos historiadores comenzaron a intervenir en el debate con investigaciones basadas en documentos coloniales, crónicas de viajeros y archivos históricos. El objetivo, sostienen, es separar la discusión política contemporánea del análisis histórico.
Las investigaciones de especialistas como Andrea Greco, Luciana Sabina y Pablo Lacoste ofrecen un mapa histórico que no siempre coincide con las narrativas actuales. Sus trabajos apuntan a reconstruir el origen del pueblo mapuche, su expansión hacia el este de la cordillera y la composición de los pueblos indígenas que habitaban Mendoza durante la colonia.
El origen mapuche: una historia del otro lado de la cordillera
Para la historiadora mendocina Andrea Greco, comprender el debate actual exige comenzar por el origen histórico del pueblo mapuche. Y ese origen, sostiene, está claramente identificado por la historiografía.
“Se trata de un pueblo nativo de Chile. Mapuche significa gente de la tierra (mapu = tierra y che = gente)”, explica.
Las primeras descripciones detalladas de este pueblo aparecen en crónicas coloniales y en estudios de misioneros europeos. Entre esas fuentes, Greco menciona el trabajo del sacerdote jesuita alemán Bernhard Havestadt, quien en el siglo XVIII publicó el estudio lingüístico Chilidúgú, una de las primeras investigaciones sistemáticas sobre la lengua y la cultura mapuche.
Durante los siglos XVII y XVIII, los mapuches mantuvieron intensos contactos con los españoles en Chile. Ese contacto tuvo consecuencias decisivas: la incorporación temprana del caballo y de armas de fuego. Según Greco, esa ventaja tecnológica les permitió fortalecer su capacidad militar y ampliar su radio de acción.
Con el tiempo, distintos grupos comenzaron a cruzar la cordillera de los Andes hacia las pampas y la Patagonia. Ese proceso, que la historiografía suele denominar araucanización, implicó la difusión de la lengua y la cultura mapuche entre pueblos indígenas que habitaban el actual territorio argentino.
Pero ese fenómeno no ocurrió de manera inmediata ni homogénea.
“Hacia fines del siglo XVIII hubo una oleada de traspaso de la cordillera y después hay oleadas en el siglo siguiente”, señala Greco.
Quiénes habitaban Mendoza antes
Si el origen mapuche se encuentra en el actual territorio chileno, surge entonces otra pregunta clave: qué pueblos ocupaban el territorio mendocino antes de esos desplazamientos.
Las fuentes coloniales ofrecen una respuesta relativamente clara. Según Greco, la geografía indígena de Mendoza estaba marcada por una división territorial precisa.
“Toda la provincia de Mendoza al norte del río Diamante estuvo poblada por los huarpes”, explica.
“Al sur del río Diamante se encontraban grupos puelches… y el otro pueblo que habitó esa zona fueron los pehuenches”.
Esa composición étnica aparece mencionada de manera reiterada en documentos coloniales, registros administrativos y crónicas de viajeros.
Con el avance de los siglos, sin embargo, el escenario comenzó a transformarse. Los grupos mapuches que cruzaban la cordillera establecieron alianzas, intercambios comerciales y también conflictos con los pueblos originarios de la región.
Greco describe ese proceso como una transformación cultural profunda.
“Cuando pasaron la cordillera fueron sometiendo culturalmente a los nativos, al punto de perder su propio idioma”, afirma.
Historia versus autopercepción
El debate actual no se limita a los archivos históricos. También se vincula con la forma en que se definen las identidades indígenas en el presente.
La historiadora Luciana Sabina ha sido una de las voces más firmes en esa discusión. Desde su perspectiva, el análisis histórico debe apoyarse exclusivamente en evidencia documental y no en categorías subjetivas.
“No hay lugar en la historia para autopercepciones”, sostiene.
Sabina explica que los historiadores trabajan con documentos, registros y evidencias arqueológicas para reconstruir procesos históricos. En ese marco, la expansión mapuche hacia las pampas y la Patagonia es un fenómeno reconocido por la historiografía, pero situado principalmente entre los siglos XVIII y XIX.
Durante ese período, expediciones comerciales, alianzas intertribales y conflictos militares contribuyeron a expandir el uso del mapudungun y a consolidar una influencia cultural que se extendió más allá de Chile.
El sur mendocino bajo la lupa de los archivos
El historiador Pablo Lacoste aporta otro enfoque al debate. Durante años investigó archivos históricos en Argentina y Chile en busca de registros sobre los pueblos indígenas del sur mendocino.
Su conclusión es tajante.
“¿Mapuches? Sí, había mapuches; tanto como esquimales”, afirma con ironía.
La frase resume una investigación basada en un trabajo documental exhaustivo.
Según explica, revisó “cientos, miles de documentos” sin encontrar registros de asentamientos mapuches en el territorio mendocino durante los períodos analizados.
Para Lacoste, el debate actual también está atravesado por interpretaciones políticas contemporáneas. En ese contexto, advierte sobre los efectos que pueden generar algunas narrativas territoriales.
Una de ellas es el concepto de Wallmapu, utilizado por ciertos movimientos para describir un supuesto territorio ancestral mapuche que abarcaría zonas de Chile y Argentina.
“El mapa del Wallmapu tiene un potencial tremendo para generar violencia, odio y conflictos”, advierte el historiador.
Cuando la historia se convierte en campo de batalla
Las investigaciones de Greco, Sabina y Lacoste revelan hasta qué punto el pasado puede convertirse en un terreno de disputa en el presente.
Para estos historiadores, reconstruir con precisión la historia indígena de Mendoza no implica negar la existencia de identidades actuales ni desconocer los procesos de mezcla cultural que atravesaron la región durante siglos. Pero sí implica distinguir entre los procesos históricos documentados y las interpretaciones contemporáneas.
En ese sentido, el debate sobre los mapuches en Argentina muestra cómo la historia, la política y la identidad pueden entrelazarse de manera compleja.
En los archivos coloniales aparecen nombres de pueblos, rutas comerciales, alianzas tribales y conflictos fronterizos. En el presente, esas mismas referencias históricas se transforman en argumentos dentro de disputas políticas y territoriales.
Entre documentos del siglo XVIII y discusiones del siglo XXI, la historia sigue siendo un terreno en el que se juega algo más que el pasado: también el modo en que una sociedad decide comprenderse a sí misma.
