jueves, abril 2, 2026

Malvinas, la guerra que pudo ser evitada y las islas que deben ser recuperadas

COLUMNISTAS INVITADOS. A 44 años del conflicto del Atlántico Sur, Sergio Bruni reflexiona sobre las responsabilidades políticas de la guerra, el valor de quienes combatieron y la vigencia de un reclamo de soberanía que atraviesa generaciones, en una fecha que convoca a la memoria y al compromiso democrático. Es autor del libro Malvinas: II siglos de colonialismo.

Cada 2 de abril, Argentina vuelve a mirarse en el espejo de una de las páginas más complejas y sensibles de su historia reciente. En esta columna, Sergio Bruni —autor del libro Malvinas: II siglos de colonialismo, del que fui autor del prólogo— propone una mirada crítica y a la vez profundamente comprometida con la causa nacional: una guerra que pudo evitarse, pero una reivindicación que permanece intacta.

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Entre la memoria, el dolor y la identidad, el texto invita a repensar el significado de Malvinas en el presente, poniendo en valor a quienes combatieron y reafirmando la necesidad de sostener el reclamo de soberanía por vías pacíficas, en el marco del derecho internacional.

La columna completa de Sergio Bruni

 Malvinas: una guerra evitable, una causa irrenunciable

La cuestión de las Islas Malvinas es, sin duda, uno de los pocos temas que ha atravesado a todos los gobiernos argentinos, sin distinción ideológica, durante más de 180 años. Ha estado y continuará estando presente en la agenda de la política exterior de la Nación. Ningún otro asunto posee un reconocimiento identitario tan profundo en el pueblo argentino.

El desembarco en las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982 no fue una decisión tomada por el pueblo. Sin embargo, una multitud colmó la histórica Plaza de Mayo en apoyo a la medida impulsada por el gobierno de facto. Resulta imprescindible aclarar que el legítimo deseo de recuperar el territorio usurpado no debe confundirse con un respaldo a la Junta Militar. Fue la ilusión colectiva de recuperar las islas lo que movilizó a gran parte de la sociedad y de la dirigencia política.

Embriagado por el respaldo popular circunstancial, el gobierno creyó estar en condiciones de enfrentar a una potencia mundial. Así, apelando a un discurso cargado de nacionalismo y emocionalidad —en el que se escucharon frases como «si quieren venir, que vengan, les presentaremos batalla»—, se avanzó hacia un conflicto para el cual el país no estaba preparado. A esto se sumó la ingenua creencia de que los Estados Unidos apoyarían a la Argentina, en lugar de respaldar a su histórico aliado, el Reino Unido. Estas decisiones condujeron a una guerra tan desigual como evitable.

A la persistencia de una situación colonial que resulta inaceptable desde la perspectiva del derecho internacional, se le suman múltiples interrogantes sobre el desarrollo del conflicto. Más allá de la cuestión diplomática, Malvinas interpela a la sociedad argentina en su conjunto. El denominado «Informe Rattenbach» expuso con claridad las graves falencias en la conducción política y militar: improvisación, errores de planificación y deficiencias en la ejecución de las operaciones.

En ese contexto, miles de jóvenes soldados fueron enviados a combatir en condiciones extremas, muchas veces sin el equipamiento adecuado, sin abrigo suficiente y con escasos recursos alimentarios. Provenientes en muchos casos del norte del país, debieron enfrentar el clima hostil del Atlántico Sur en una situación de evidente desventaja.

Como enseña El arte de la guerra, de Sun Tzu, entre mandos y subordinados debe existir no solo una jerarquía clara, sino también un vínculo basado en la empatía y el respeto. Las revelaciones posteriores al conflicto demostraron que esto no ocurrió: se registraron graves violaciones a los derechos humanos dentro de las propias filas, incluyendo maltratos, abusos y actos de discriminación.

Hablar de Malvinas implica reflexionar sobre el concepto de soberanía. En términos generales, la soberanía se vincula con la integridad territorial y la capacidad de un pueblo de decidir su propio destino. Sin embargo, en el caso argentino, también se entrelaza con una dimensión emocional única, donde confluyen el orgullo, el dolor y la memoria colectiva.

Este componente emocional es lo que convierte al reclamo en un elemento singular dentro de la identidad nacional. Además de haber sido la única guerra que la República Argentina libró en el siglo XX, la causa Malvinas constituye una de las pocas políticas de Estado sostenidas a lo largo del tiempo. Prueba de ello es su inclusión en la reforma constitucional de 1994, que reafirma la soberanía argentina sobre las islas y establece su recuperación como un objetivo permanente e irrenunciable, en el marco del derecho internacional.

Los argumentos argentinos en torno a la soberanía se sostienen en diversas dimensiones: la geográfica, por la pertenencia de las islas a la plataforma continental; la histórica, por la herencia de los territorios de España; y la jurídica, ya que la Argentina nunca renunció a sus derechos. No obstante, resulta fundamental afirmar que ninguna reivindicación territorial justifica el recurso a la guerra como medio para su resolución.

A más de cuatro décadas del conflicto, la cuestión Malvinas exige una reflexión profunda sobre su lugar en la memoria nacional. También invita a analizar las consecuencias de la posguerra, especialmente en relación con los veteranos, muchos de los cuales enfrentaron el olvido, la falta de reconocimiento y dificultades para su reinserción social.

En la actualidad, el desafío radica en sostener el reclamo de soberanía por vías pacíficas y diplomáticas, fortaleciendo el diálogo en el ámbito internacional y promoviendo una memoria crítica que permita aprender de los errores del pasado. Recordar Malvinas no debe implicar únicamente evocar el conflicto bélico, sino también reafirmar el compromiso con la paz, la democracia y el respeto por los derechos humanos.

De aquel episodio, impulsado por una dictadura que buscaba perpetuarse en el poder, deben rescatarse los valores de quienes combatieron con valentía en condiciones adversas. A ellos, a los que lucharon, a los que regresaron y a los que quedaron en las islas, les corresponde el reconocimiento permanente de toda la Nación.

Honor y gloria por siempre a nuestros soldados.

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