En un comunicado, la organización advirtió que la eventual salida de Nicolás Maduro no implica por sí misma el fin del régimen autoritario y exigió la liberación de los presos políticos, la restitución de la libertad de prensa y garantías efectivas para la protesta pacífica como condiciones innegociables para una transición legítima.
La Fundación Internacional para la Libertad (FIL) difundió un extenso pronunciamiento en el que sostiene que la remoción de Nicolás Maduro del poder, aun cuando constituya un hito de alto impacto político, no debe confundirse con la desaparición del sistema despótico que gobierna Venezuela desde hace años. Según la entidad, el país enfrenta un escenario de “descabezamiento del régimen”, pero no aún el desmantelamiento de su estructura totalitaria.
En el documento, la FIL advierte que la ausencia del líder visible no garantiza, por sí sola, la restauración de la democracia. Por el contrario, subraya que el entramado de control institucional, represión y erosión de la dignidad humana permanece en gran medida intacto, con jerarquías de poder fáctico que continúan condicionando el destino nacional bajo una ambigüedad deliberada sobre el fin efectivo de la dictadura.
La organización sostiene que una transición auténtica solo será posible si se apoya en la participación irrestricta de las fuerzas democráticas del país, a las que define como la “reserva moral y el nervio civil de Venezuela”. Destaca, en ese sentido, la perseverancia de estos sectores en la defensa de la legalidad y en el rechazo a la violencia, a pesar de décadas de persecución, cárcel y exilio.
Para la FIL, esa vocación pacífica y republicana constituye la única garantía de una estabilidad genuina, capaz de construir una concordia basada no en el silencio impuesto, sino en la vitalidad de una sociedad libre y dueña de su destino.
El comunicado fija además tres mandatos éticos que, a juicio de la fundación, el eventual gobierno interino debe asumir de manera inmediata y sin concesiones. El primero es la liberación absoluta de todos los presos políticos y el fin de cualquier forma de hostigamiento contra la disidencia. El segundo, el restablecimiento pleno de la libertad de prensa y el regreso seguro de los periodistas perseguidos, considerados un requisito indispensable para devolver al ciudadano su derecho a la información. El tercero, la garantía efectiva de que el monopolio de la fuerza no volverá a utilizarse para sofocar la protesta pacífica, lo que implica asegurar la libertad de reunión y manifestación.
La FIL remarca que estas medidas no pueden ser objeto de negociación política ni presentarse como concesiones circunstanciales, sino que constituyen imperativos esenciales de la democracia liberal. Solo sobre esa base —afirma— podrá abrirse un diálogo nacional auténtico que conduzca, sin dilaciones, a elecciones libres, justas y verificables.
Finalmente, la Fundación Internacional para la Libertad exhortó a la comunidad internacional y a las instituciones públicas y privadas a respaldar con decisión esta hoja de ruta. “El régimen ha perdido su rostro —concluye el texto—, pero la República solo será recuperada cuando el sistema que la asfixia sea plenamente desarticulado para dar paso a una democracia liberal, plena y vigorosa”.



