Nadie está seguro en donde está. La conducción de la Universidad se renueva y en los corrillos que merodean quienes viven la vida política y la gestión, se huele a adrenalina.
El 16 de agosto próximo habrán nuevas autoridades en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO). Es la fecha en que se conmemora el inicio oficial de los cursos en 1939, marcado por la conferencia inaugural del historiador Ricardo Rojas, aunque la fundación formal fue el 21 de marzo de 1939.
Antes, ahora, un vendaval de contactos altera su habitual hibernación previa al inicio de clases, al punto de que todos hablan con todos y solo se ha presentado una candidatura que, aunque repetida, la vez anterior se bajó en beneficio de la oposición. Se trata del dirigente vinculado al kirchnerismo Javier Ozollo que ya se lanzó y espera concitar -gracias a su oportuno posicionamiento ante la dispersión del oficialismo del hasta ahora dominante Interclaustro- el apoyo no solo de todo el peronismo, incluyendo al no kirchnerista, sino el de los radicales y otras fuerzas que están enfrentados a las políticas de Javier Milei.
Si bien Ozollo, en sí mismo, no concita una centralidad especial, es el recuerdo de la elección anterior lo que motoriza a su alrededor: se ganó, en cierto modo, «en el escritorio». El escrutinio mostró al oficialismo de Esther Sánchez y Gabriel Fidel apenas por encima de Adriana Garcia y Arturo Tascheret, y fue una definición extrema en cinco votos de la Facultad de Ciencias Políticas lo que terminó por darle el triunfo a la lista comandada por los radicales.
¿Quiénes serán los otros candidatos en la UNCUYO?
La derrota está cerca. El triunfo también. Dadas como están las cosas en la UNCUYO, si se polariza será una gran batalla, pero antes tienen que conciliar otros sectores.
Si se pregunta en los diferentes claustros, hay quienes cuentan hasta 7 posibles candidaturas al rectorado. Y puede haber más. Se han lanzado hasta desde las facultades más chicas, mientras que algunos piensan que la actual rectora puede aspirar a un nuevo mandato, o que debería ser su vicerrector. Pero también aparecen voces que piden la renovación total de los nombres en el oficialismo y los que buscan que la Universidad vuelva sobre su eje y deje de intervenir la política «terrenal» para darle un destino «más académico».
Lo cierto, hasta ahora, es que el estado de guerra de nervios es total y que nadie sabe con quién hablas lo que habla, ya que podría haber allí un potencial candidato o bien, impulsor de otro, por lo que no se están mostrando las cartas, salvo un sector del PJ y una columna de opinión firmada por el docente y antiguo dirigente radical Néstor Navarro que pidió «la unidad de los sectores populares, estudiantiles, docentes y democráticos» y habló de una disyuntiva: «universidad pública o universidad de mercado».
En el balance de los 4 años de Sánchez-Fidel aparece Milei en el medio, con su posicionamiento frente a las universidades nacionales. Desde el oficialismo sostienen que han liderado el rechazo, pero la oposición sostiene que no ha sido suficiente y que, por cierto, los legisladores nacionales cercanos a quienes conducen el rectorado vienen respaldando cerradamente a Milei, con matices que no consideran suficientes.
De allí que la campaña por el Rectorado será, muy probablemente, Milei sí o Milei no, pero se desconoce cuál será el papel del mileísmo universitario que, aunque trabaja en forma subterránea o mejor dicho, aparece en forma espontánea más en los estudiantes que en otros factores, existe, por ahora en forma no tan orgánica salvo alguna que otra agrupación superficial. ¿Serán los terceros en disputa y restarán respaldo al oficialismo actual? ¿El oficialismo se animará a mostrarse en una fórmula que contenga al mileísmo?
Sacan cuentas de todas las formas posibles, con alternativas.
Lo cierto es que no hubo relax estas vacaciones. Y en el reloj corre hasta la primera semana de mayo en que hay que presentar las fórmulas. Tictac, tictac…
