jueves, abril 2, 2026

#Cuba Testimonio de Antonio Rangel Bandeira: «Los militares no solo controlan el sistema, sino que también se benefician de él»

El sociólogo y politologo brasileño Antonio Rangel Bandeira, autor del libro «Sombras del Paraíso», analizó la situación de Cuba hoy, tomando en cuenta sus amplios conocimientos in situ y en perspectiva. Un valioso trestimonio para estos días en que nuevamente se habla del fin del segundo régimen dictatorial más antiguo del mundo, despues del de Corea del Norte, con 67 años de vigencia.

Antonio Rangel Bandeira es sociólogo y cientista político con un posgrado de la York University (Toronto).

Es uno de los autores del Estatuto del Desarme (Ley de Control de Armas de Brasil) y fue el coordinador de la Campaña de Desarme Voluntario, que recogió medio millón de armas en su país entre 2004 y 2005. Fue viceministro en Brasil y docente universitario.

Ha escrito obras como «Military Interventions in Portuguese Politics»(1975), «Sombras do Paraíso»(1994) y «Armas de Fuego: ¿Protección o Riesgo?» (2006). Consultor de la ONG Viva Rio.

Su valioso testimonio, completo:

Yo nací en la generación del año 1968. Cuando tenía aproximadamente 14 años, me sentí profundamente entusiasmado con la Revolución Cubana. En aquel contexto de América Latina, una región marcada por la pobreza y por profundas injusticias sociales, ver que un grupo de jóvenes había logrado tomar el poder, derrocar una dictadura corrupta y autoritaria, y prometer libertad y justicia social, representaba exactamente aquello que muchos de nosotros deseábamos.

Además, la revolución prometía elecciones libres y democráticas. Por esa razón, desde entonces me convertí en un entusiasta de la Revolución Cubana y comencé a seguir con atención todo lo que ocurría en ese país.

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Debido a mi formación como sociólogo, siempre he tratado de analizar los hechos a partir de informaciones provenientes de diferentes lados. Esto es muy distinto a lo que ocurre muchas veces en los extremos ideológicos: en la derecha solo se escucha a la derecha, y en la izquierda solo se escucha a la izquierda. Mi metodología, en cambio, siempre ha sido científica y basada en contrastar diversas fuentes.

Con el tiempo comencé a tener serias dudas acerca de lo que ocurría en Cuba. Algunas cosas me inquietaban profundamente, especialmente la existencia de presos políticos. Llegué a conocer a algunos de ellos que habían logrado escapar del país. En Brasil, por ejemplo, recibí a un periodista cubano que había sido detenido y torturado. Aquello me parecía completamente incompatible con el socialismo que yo defendía.

A pesar de esas dudas, todavía había aspectos de la experiencia cubana que me generaban entusiasmo. En 1993 recibí una invitación oficial para visitar Cuba en mi condición de viceministro en Brasil. Durante esa visita, el gobierno cubano me mostró todo aquello que el país tenía de positivo, y ciertamente había cosas buenas.

Entre ellas destacaban el sistema de salud pública, algunos programas de vivienda pública y niveles de pobreza menores en comparación con otros países latinoamericanos. También existía un sistema educativo amplio, aunque observé que estaba fuertemente censurado.

Cuando buscaba en librerías o bibliotecas a determinados autores importantes, simplemente no se encontraban. Para mí, uno de los principales pensadores socialistas del siglo XX fue Antonio Gramsci, y en Cuba no encontré ni una sola obra suya. Una educación, para ser realmente buena, no puede estar basada en la censura. Incluso el nazismo tenía educación, pero con censura.

Durante mi visita yo era considerado un invitado confiable porque siempre había defendido públicamente a la Revolución Cubana y nunca había hecho críticas. Después de la parte oficial de la visita decidí quedarme más tiempo en el país por mi cuenta para conocer mejor la realidad cubana.

Debido a esa condición de invitado confiable, tuve cierta libertad para moverme y no estaba siendo vigilado como suele ocurrir con la mayoría de los visitantes. Como sociólogo y periodista, supe cómo establecer contactos dentro de la sociedad cubana. También tenía conexiones con sectores de la oposición.

No me refiero solamente a la oposición de derecha, con la cual también hablé, sino también a intelectuales comunistas de izquierda que estaban en oposición al régimen.

Fue entonces cuando observé muchas cosas negativas: problemas políticos, corrupción dentro del gobierno y, sobre todo, la censura. Los medios de comunicación estaban totalmente controlados, lo cual me indignó profundamente. Cuando se impide al pueblo conocer la realidad tal como es, ese pueblo se vuelve fácilmente manipulable.

Aun así, pude percibir que existía oposición y resistencia dentro de la sociedad cubana, aunque muchas veces se expresaba en silencio porque las personas tenían miedo, y con razón.

Después de regresar decidí escribir sobre toda mi experiencia en Cuba, relatando tanto los aspectos positivos como los negativos. Esa experiencia quedó plasmada en mi libro “Sombras del paraíso”, donde describí con detalle lo que había visto, intentando mantener una posición imparcial para que cada lector pudiera formar su propio juicio sobre Cuba.

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El tema de Cuba suele generar una gran polarización. Muchos sectores de la izquierda no quieren escuchar ninguna crítica porque temen desilusionarse. Para ellos, reconocer los problemas significaría aceptar que el comunismo, en la práctica, ha fracasado.

Ese fracaso ya ocurrió en la Unión Soviética. En China, aunque ha habido desarrollo económico, no existe libertad ni democracia. Corea del Norte es un caso aún más extremo.

Sin embargo, la base de la filosofía marxista está en la justicia social, la libertad y la democracia, no solamente en el desarrollo económico. El capitalismo también puede generar desarrollo económico.

Por eso es necesario observar la realidad tal como es. Lo que yo vi en Cuba lo relaté con detalle.

Uno de los argumentos más repetidos para explicar la situación del país es el llamado bloqueo económico de Estados Unidos. Sin duda ese bloqueo tiene impacto en la economía cubana, especialmente porque Cuba está geográficamente cerca de Estados Unidos y sería lógico que existieran fuertes relaciones comerciales.

Pero Estados Unidos no es el mundo entero. Según un economista cubano con el que hablé, y según otras fuentes que consulté, en 1993 Cuba mantenía relaciones comerciales con 48 países. Por lo tanto, afirmar que la mala situación económica del país se debe exclusivamente al bloqueo es falso.

Ese argumento funciona más bien como una justificación para explicar el mal funcionamiento del sistema económico y político cubano. Es una excusa que oculta la incompetencia y las limitaciones estructurales del sistema.

Hoy Cuba se encuentra en una situación de crisis total. Incluso antes de los acontecimientos más recientes ya existía una situación muy difícil, con escasez y pobreza generalizada. El sistema productivo cubano nunca ha funcionado plenamente por sí mismo. Cuando funcionó fue gracias al apoyo económico de la Unión Soviética.

Tras la desaparición de ese apoyo, el país entró en un rápido declive. Actualmente el turismo, una de las principales fuentes de ingresos, está controlado por los militares. Algo similar ocurre en Venezuela: existe una estructura de poder militar que controla sectores clave de la economía.

Los militares no solo controlan el sistema, sino que también se benefician de él, manteniendo una situación de privilegio tanto en Venezuela como en Cuba. Esto tiene más relación con las tradicionales dictaduras latinoamericanas que con el socialismo.

La situación actual se ha agravado aún más con las restricciones sobre la importación de combustible. Cuba produce solamente alrededor del 30% del petróleo que necesita, lo que agrava profundamente la crisis.

Mientras dure la actual política de Estados Unidos, especialmente bajo el liderazgo de Donald Trump, es difícil que la situación mejore, ya que no existe interés real en ayudar a transformar la realidad cubana.

En mi opinión, la única salida real para Cuba sería una democratización del régimen y una liberalización tanto política como económica que permita al país reconstruirse.

Porque, en nombre de una filosofía que en teoría es tan atractiva como el comunismo, se terminó construyendo una dictadura. Y peor aún: una dictadura incompetente que no funciona.

Esta es, en resumen, mi evaluación sobre la situación de Cuba.

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