Juan José Molina, el ex chavista que avisa: «Los argentinos deben poner las barbas en remojo»

Gabriel Conte
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Soy Gabriel Conte, periodista. Fundé el diario Memo (memo.com.ar) en 2019. Creé y dirigí en los años ’90 la hoja de cultura El Comunero. Fui director de la revista Mendosat y durante 12 años trabajé como periodista, subdirector y luego director del portal MDZ, además de ser director de MDZ Radio. Mis primeros pasos en el periodismo los di en LV10 Radio de Cuyo. Mi programa «Tormenta de ideas» entrevistó a unos 30 mandatarios y expresidentes, premios Nobel y figuras destacadas del mundo, por Radio Nihuil. He colaborado con medios de Argentina y el extranjero.

Miembro de la mesa nacional opositora de Venezuela. Ex diputado chavista. Alerta sobre el manejo argentino de dinero venezolano.

Hay que mirar hacia Venezuela: no podemos permanecer inmóviles ante lo que está sucediendo. Pero mirar, tan solo intentar ver y decodificar qué pasa en estas épocas, representa todo un desafío. A la distancia, ¿a través de qué medio lo hacemos? ¿Desde Globovisión o por Telesur? No hay forma de saber la verdad si se opta por uno solo. En este tiempo de polarización extrema, para saber cómo se reparte la herencia de Hugo Chávez no basta con mirar un solo canal. Ocurre lo mismo que en el resto del mundo, por cierto: Venezuela no es la excepción, aunque lo que importa no es tanto el medio que lo cuente, sino qué está pasando realmente allí adentro en donde la violencia se está apropiando de las instituciones creadas para, precisamente, todo lo contrario: evitarla. Sucede con Siria (¿CNN, Al Jazeera o Russia Today?). Pasa dentro de Estados Unidos (¿CNN o Fox?). En China (¿China Today o Pueblo en línea?). En la Argentina…

No hay objetividad posible en el tratamiento de la información: o se es partidario de quien detenta el poder (político, económico) o se busca encontrarles el pelo en la leche. El problema es cuando a estos últimos desde los factores de poder se los persigue, aparta, anula.

Empecemos por decir que en Venezuela hay un gran problema de legitimidad del gobernante: ganó por poco (o eso dice) y la oposición sostiene que ni siquiera fue por poco. Dice que Nicolás Maduro fue consagrado apresuradamente como el nuevo presidente y se niega a reconocerlo como tal. Pide pruebas, auditorías, apoyo internacional. Y desde el poder político se le responde que no.

Para dialogar sobre eso es difícil hallar oficialistas que estén dispuestos a hacerlo. La respuesta más usual es interrogar al periodista. Si trabaja para un medio privado de cualquier parte del mundo, es tildado de «enemigo». «Léalo en AVN», se recibe como respuesta, enviándolo a leer la agencia estatal de noticias, la Télam venezolana. «Véalo en Telesur». «Usted le cree a los de Globovisión». No hay paciencia ni piedad: «No es no».

Juan José Molina pasó por el chavismo. Estaba convencido. Tanto así que vino a Mendoza como diputado nacional chavista, hace unos años, junto a un colega de bancada, Calixto Ortega. A quien escribe estas líneas le tocó servir de anfitrión en algunas de sus tareas. Estuvieron en la Legislatura y hablaron en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo. Hoy Molina integra la mesa directiva del MUD (Movimiento de Unidad Nacional) que lidera Henrique Capriles y Ortega está en las antípodas: le acaban de asignar las tareas de Encargado de Negocios de la República Bolivariana de Venezuela en Washington, lugar adverso al chavismo, pero en el que se sostienen multimillonarios negocios, sobre todo en el rubro petrolero, que ni el mismísimo Chávez se animó a desactivar.

Molina, a su vez, fue anfitrión en Caracas, hace bastante tiempo. Un gran guía para recorrer y conocer a las instituciones y una cara conocida en las calles del Centro: un hombre de la política que no se esconde, que da la cara y al que la gente -ya en aquellos años- lo reconocía con facilidad.

La última vez que hablamos era chavista.

– Pertenecía al Polo Patriótico, un grupo que sí, respaldó a Hugo Chávez, pero fue hasta el 2006.

¿Allí se produjo la ruptura?

– En ese año Chávez comenzó a radicalizarse con su «Socialismo del siglo XXI» y eso nos distanció de su propuesta. Sobre todo sucedió cuando nos dijo personalmente que pretendía cambiar el contrato social con los venezolanos cambiando el sentido de la Constitución. Decidimos enfrentarlo al año siguiente y fue derrotado. El pueblo no permitió esa reforma.

¿Qué hicieron políticamente entonces?

– Nos mantuvimos inciertos, entre la oposición y el oficialismo. Pero nuestro destino principal fue enfrentar el menoscabo que se le estaba produciendo a la democracia y fue entonces cuando nos sumamos a los partidos opositores. Hoy soy miembro de la Mesa de Unidad Democrática y dirigente nacional de Avanzada Progresista, luego de que el Gobierno decidió expropiar el partido Podemos, que integraba como parte del Polo Patriótico. Nos vimos obligados a trasladar neustra actividad política hacia allí.

¿Qué está pasando en Venezuela hoy, después de las elecciones?

– En Venezuela se viene dando un golpe de Estado. Grupos cercanos al Gobierno agredieron al diputado William Dávila y evitaron también que los diputados opositores pudieran hablar en la Asamblea (el Congreso venezolano). ¡Justo allí, en donde deberían poder expresar sus opiniones con total libertad! Ese acto brutal sucedió al mismo tiempo en que detenían a un general retirado de la oposición, un hombre apegado a la Constitución, que fue detenido y puesto bajo las órdenes de un órgano de seguridad del Estado. Hasta hoy, no se logra abrir un proceso que evite que siga privado de su libertad.

El lunes fueron más de diez los diputados que salieron golpeados de una sesión de la Asamblea en la que se los acusó a ellos de ser partidarios de las agresiones de Capriles.

– Toda Venezuela vio con asombro una actitud que desmerita mucho lo que es nuestra conocida tradición democrática en Sudamérica. Agredieron físicamente a diputados, hombres y mujeres de la Asamblea nacional. Estamos muy consternados, asombrados de que se haya llegado a esos niveles de violencia en el Parlamento. Se trata de un terrorismo de Estado para el cual utilizan a organismos, grupos fascistoides que pretenden aterrorizar a los veneziolanos y de esa manera desviar de la atención pública nuestra agenda de reclamos. Lo que queremos es que la Comisión Nacional Electoral (CNE) y el mundo sepan que las elecciones del 14 de abril fueron robadas, esquilmadas a Enrique Capriles, quien ha exigido que se auditen las boletas y cuadernos con los que se votó.

¿Y por eso los niveles de violencia?

– Se insiste en que los parlamentarios tienen que reconocer al gobierno de Maduro. Eso es una ilegalidad. Porque los únicos que deben reconocerlo son las instituciones del Estado: podemos tener nuestras opiniones divergentes y disidentes, sobre todo en las condiciones en que hemos estado en estos últimos años. ¡Nada obliga a que todo el mundo tenga que reconocer al Gobierno!

Algunos sostienen que los escándalos en la Asamblea hasta pueden ser una maniobra interna de Diosdado Cabello, su presidente, para desestabilizar a Maduro, por sus divergencias dentro del oficialismo.

-Eso podría estar latente en el ambiente, puede ser… Pero no lo creo. La actitud de Cabello en la Asamblea Nacional está ratificada con las declaraciones del propio Nicolás Maduro. Hay videos en los que se ve a Maduro enfrentándose a puños con diputados en otras épocas. Es una actitud sistemática y recurrente. Dirige los destinos del país de manera momentánea. Por eso yo no creoq ue sea Diosdado Cabello quien debilita al Gobierno: actúa con la anuencia de Maduro para cambiar esta agenda de denuncias que gharemos en el mundo para que se sepa que en Venezuela se violenta los derechos humanos y que quienes ocupan el Estado están afectando los derechos humanos de todo un pueblo. Se trata de un modelo de Estado que es anacrónico y adverso a lo que establece la Constitución.

Cuando usted habla de «gobierno momentáneo», ¿no está alimentando las posibilidades de que se les acuse de golpistas?

– Hablamos de un «mientras tanto». Es así hasta que se nos demuestre que ganó las elecciones. No vamos a reconocer a su Gobierno y vamos a actuar en consecuencia. Para que Maduro pueda legitimarse internacionalmente, tiene que demostrarle al mundo que ganó y se debe revisar la tremenda cantidad de evidencias que hay de gravísimos delitos electorales. Maduro está sentado en una silla usurpada desde que se conoció la muerte de Chávez, cuando en una jugada de los poderes del Estado, con una gran manipulación política, fue mantenido en el poder una persona que no tenía ninguna legislación a su favor para ocupar ese cargo.

Finalmente, ¿es posible que hablar de la Argentina se les ha vuelto un problema también tanto a Capriles como a los legisladores de la oposición?

– Yo en primer lugar quiero enviar un fraternal saludo al pueblo argentino, a los argentinos que conozco y a los que viven en Venezuela y en el mundo. Nosotros hemos visto y vivido en carne propia lo que ha sido una gran manipulación de nuestros recursos y de nuestra vida política, una manipulación de la población venezolana.El gobierno argentino ha utilizado de manera abusiva, permitido por nuestros gobernantes, recursos de los venezolanos. No es solo culpa del gobierno argentino, sino de nuestros gobernantes. Pero el pueblo argentino debe poner las barbas en remojo porque quien dirige los destinos de su país está aplicando políticas similares a las de Venezuela. Comienzas a verse las diferencias sociales, el descalabro económico y situaciones políticas -con decisiones como las de los últimos días con la Justicia- que atentan contra la democracia argentina.