José Vales: «A Ricardo Cavallo le abrieron las puertas en Mendoza para hacer negocios»

Gabriel Conte
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Soy Gabriel Conte, periodista. Fundé el diario Memo (memo.com.ar) en 2019. Creé y dirigí en los años ’90 la hoja de cultura El Comunero. Fui director de la revista Mendosat y durante 12 años trabajé como periodista, subdirector y luego director del portal MDZ, además de ser director de MDZ Radio. Mis primeros pasos en el periodismo los di en LV10 Radio de Cuyo. Mi programa «Tormenta de ideas» entrevistó a unos 30 mandatarios y expresidentes, premios Nobel y figuras destacadas del mundo, por Radio Nihuil. He colaborado con medios de Argentina y el extranjero.

Periodista. Corresponsal en Argentina de medios de México y Colombia. Premio «Ortega y Gasset» de periodismo por su libro/investigación «Ricardo Cavallo,extraditado».

Era el gobierno de (Rodolfo) Gabrielli, pero lo que dicen las fuentes es que había operado la Secretaría General de la Presidencia. Había una interna en el menemismo. En Mendoza estaban (Eduardo) Bauzá y (José Luis) Manzano por un lado. Y (José Octavio) Bordón, Gabrielli y (Arturo) Lafalla del otro lado. Así llegan a La Rioja, también a Tierra del Fuego, estaban peleando otra en Jujuy, en Córdoba no les salió porque apareció una empresa española. Quisieron hacerlo en San Luis y tampoco cerró el negocio. Y ya con (Ricardo) Cavallo preso intentaron reciclarse con otra empresa, Marielplatz, en Comodoro Rivadavia. Pero el periódico Crónica de Comodoro hizo una investigación en Mendoza y del Renave mexicano y les arruinó el negocio».

Así cuenta el periodista José Vales cómo el ex marino Ricardo Cavallo, múltiple acusado por crímenes durante la última dictadura, entró a Mendoza «como Pancho por su casa». Montó un gran negocio. Intercambió sonrisas con políticos y empresarios, algunos de ellos vinculados a los medios de comunicación. Hizo dinero. Él mismo le abrió otras puertas a ex represores que hasta tenían despacho en la Casa Rosada en los tiempos de Carlos Menem, como Jorge Rádice. Hasta que fue descubierto.

Esta semana, aquella persona que se movía en Mendoza como un «inversor» exitoso, volvió a ser noticia. Fue el «personaje del día» el domingo en MDZ y te contamos cómo él mismo instauró a nuestra provincia como la «nave insignia» de una cadena de negocios que lo llevaron a reciclarse en un terreno de manejo de información, como son las bases de datos de conductores de vehículos.

Hablamos con José Vales, la persona que más conoce a Ricardo Cavallo. Lo hicimos dos días antes del miércoles, el día en que se inicia el «megajuicio» por la ESMA en la que el hombre deberá rendir muchas otras cuentas pendientes como delincuente, pero contra la vida de las personas, en este caso.

– Su investigación sobre Ricardo Cavallo es tal vez la que mejor lo define y por ella recibiste el premio Ortega y Gasset. Aquí en Mendoza lo conocimos como un «empresario exitoso», muy cercano al poder en épocas del ex gobernador Gabrielli. ¿Es Cavallo a su criterio un ejemplo de cómo muchos genocidas lograron «reciclarse» y ser aceptados por la democracia? ¿Cree que para lograrlo necesitó ocultar su pasado? ¿O le sirvieron sus viejas conexiones?

– No tengo dudas al respecto. Más que ocultar su identidad, hizo negocios y recicló su vida civil con gente del poder que era conciente cuál había sido su rol en la Armada, al igual que el de algunos de sus socios, como el caso de Jorge Radice. La experiencia de ese trabajo me indica que muchos funcionarios, a sabiendas de quién era Cavallo y qué representaba, les importó muy poco a la hora de cerrar acuerdos.

– ¿Logró alguna vez hablar en persona con él?¿Qué impresión le dio?

– Sí. Fueron unos minutos en el reclusorio en las afueras del (México) DF. Me dio la impresión de un hombre frío, sorprendido por mi presencia, pero correcto en el trato. Muy, podría decirse, formal. Como si los años sin uniforme hubiesen pesado sobre su condición de oficial de la Armada.

– Ahora va a ser juzgado en un «megajuicio» con civiles que fueron parte de la maquinaria de la dictadura, como es el caso de Juan Alemann. ¿Qué nivel de participación tuvo Cavallo en los hechos de la ESMA?

– Fue el responsable de La Pecera. Allí donde se hacía trabajar a los detenidos en la redacción de notas y documentos. Participó también del sector de operaciones y de inteligencia. En cada estamento pasó un tiempo como está documentado en el libro. Y el fe uno de los que lograba decidir sobre la vida y la muerte de varios desaparecidos, como también surge de la investigación.

– En algún momento menciona que Cavallo usó a Mendoza como «la nave insignia» de sus negocios. ¿Fue por sus contactos políticos en Buenos Aires o porque mantenía vínculos anteriores con gente en Mendoza?

– Mendoza fue la «Nave Insignia» porque sobre el modelo de negocios que se aplicó en la provincia fue que salieron para El Salvador y México. Ahí no habló sólo de Cavallo sino de lo que fueron las sociedades que él integró. Talsud, Sehuen, Sertracen en El Salvador.

– ¿Cree que quienes le abrieron las puertas para sus negocios sabían de su pasado?

– Absolutamente.

Nadie hace negocios con gente a la que no chequea al menos en el Veraz.

A esos niveles las averiguaciones sobre potenciales socios, siempre suelen ser a otro nivel.

– De todas formas, cuando su negocio de información sobre vehículos se extiende a México y usted revela en en el diario Reforma su identidad real, Cavallo ya había extendido su imperio por varios países. ¿Cómo reaccionaron sus socios mexicanos y la prensa en general?

– En un primer momento los socios apoyaron con los abogaos de la firma. Sólo los primeros días. Después lo dejaron absolutamente sólo.

– Después de sus anteriores testimonios ante la justicia y de la decisión de extraditarlo por parte de Baltasar Garzón, ¿qué espera que suceda en Buenos Aires con este nuevo juicio?

– No queda más espacio para la impunidad por lo que se puedo observar en el primer juicio de la ESMA. Las pruebas y los testimonios de la defensa son contundentes y creo que tanto Cavallo como el resto de los represores de la ESMA recibirán una nueva condena.