Gabriel Dreyfus. De Alfonsín a Massa: anécdotas del publicista del «RA» en la campaña presidencial de 1983

Gabriel Conte
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Soy Gabriel Conte, periodista. Fundé el diario Memo (memo.com.ar) en 2019. Creé y dirigí en los años ’90 la hoja de cultura El Comunero. Fui director de la revista Mendosat y durante 12 años trabajé como periodista, subdirector y luego director del portal MDZ, además de ser director de MDZ Radio. Mis primeros pasos en el periodismo los di en LV10 Radio de Cuyo. Mi programa «Tormenta de ideas» entrevistó a unos 30 mandatarios y expresidentes, premios Nobel y figuras destacadas del mundo, por Radio Nihuil. He colaborado con medios de Argentina y el extranjero.

Publicista y político. Integró el equipo de David Ratto que diseñó y ejecutó la campaña publicitaria de la UCR en 1983 que llevó al triunfo a Raúl Alfonsín.

Acaba de concluir una catarata de spots publicitarios y nos parecen novedosos o tediosos, graciosos o rústicos. Pero su hiperpresencia no sorprende ni mucho menos, asusta.

Esto pasaba en los pocos canales de TV en 1983:

Se cumplen 30 años de las elecciones que permitieron la recuperación de la Democracia. Y por ello, buscamos las anécdotas y el análisis que atesora uno de los miembros del equipo publicitario de Alfonsín.

En tiempos de realidad aumentada, redes sociales y cientos de canales de TV, la reflexión en torno a una época de Gabriel Dreyfus, integrante de equipo del publicista David Ratto.

No es poca cosa haber participado en el diseño de la campaña electoral de Raúl Alfonsín.

– Tampoco en ese momento fue poca cosa Raúl Alfonsín. No se inventa a nadie. Y en esa circunstancia histórica con el personaje que teníamos, hicimos una campaña que lo ayudó, aunque él era el único que pensaba que iba a ganar.

¿Él era el único que creía que ganaría?

– Él era amigo de (David) Ratto y es Ratto el que me convocó al equipo que iba a trabajar en la campaña, después quedamos Ratto, yo y otros pocos, al principio habían varios. En la primera reunión entró Alfonsín, a quien yo no conocía, y estaba sentado en la silla al lado de la mía. Entonces empezó la reunión, Ratto lo presentó y Alfonsín dijo: “Le voy a dar mucha importancia a la publicidad de esta campaña porque yo voy a ganar por el 2 por ciento. Yo, que era medio un chiquilín irrespetuoso, le dije: “Bueno, si está tan seguro que va a ganar no haga la campaña. Yo creo que es muy importante y usted va a perder por poco”.

¿Eso le dijo? ¡Era un insolente!

– Sí. Ratto me fulminó con la mirada. Todos se quedaron callados con un silencio de muerte. Alfonsín se levantó de la silla, yo también, me abrazó y me dijo: “Usted es el más optimista de todos los que me rodean”.

De allí al triunfo, seguramente fue todo adrenalina. Sin Twitter ni Facebook, ¿cómo fue el desarrollo de la campaña?

– Yo creo que el primer gran mérito de Alfonsín fue haberlo elegido a Ratto y seguir una indicación de Ratto que, salvo el equipo que él había designado, no se metía nadie más en la campaña por más ideas que trajeran, y eso que trajeron muchas. Entonces, hicimos el lanzamiento, apareció algo que fue una contradicción de la campaña, el “R.A.” que significaba “Raúl Alfonsín” y que firmaba toda la campaña. “Unión Cívica Radical” estaba muy chiquita, porque sabíamos que los votos del radicalismo rondaba el 25% y hacía falta el 50%.

Pero ¿cuál fue la gran contradicción?

– Fue que la campaña estaba firmada “R.A.”, “Raúl Alfonsín” y Alfonsín siempre decía “no sigan hombres, sigan ideas”.

Y a 30 años, ¿cómo evalúa la figura de Alfonsín? Es un tiempo en que se lo recuerda más a él que a la democracia.

– Bueno, yo siempre digo que la Argentina es un país que dice amar a la democracia pero que vota líderes. El peronismo, en ese momento, se equivocó en todo. Para empezar, no había un solo peronismo. Como siempre, había varios. Pero estaban todos metidos en la misma lista. Entonces, estaba la campaña de lo que después fue “la renovación”, estaba la campaña de Herminio Iglesias había cinco o seis campañas diferentes para un mismo candidato. Y el candidato era el doctor Luder, un hombre, que habían puesto para calmar todo lo terrible de lo cual venía el peronismo: los Montoneros, la guerra civil, Alfonsín había denunciado el “Pacto sindical – militar”. Entonces, Luder era un candidato que tranquilizaba, pero a los peronistas no les gustaba. Y el líder surgió en la vereda de enfrente: este radical tranquilo, bueno, que se subía a una tribuna y, bueno, salvando las diferencias ideológicas, creo que era mejor orador que Perón. Entonces, el líder estaba enfrente. La primera idea de campaña que yo le llevé a Alfonsín –era una campaña gorila- él me dijo: “A mí, esta campaña me encanta, pero si la hago, junto todos los votos antiperonistas del país y pierdo. Váyase a su casa y tráigame una campaña peronista”.

Le hacía falta convencer también a los no radicales y a los no peronistas.

– Obvio. Alfonsín fue el primer opositor al peronismo que se dio cuenta de que sin votos peronistas no ganaba. Un día me preguntó: “¿Qué le diría a usted a los que me preguntan cómo voy a ganar con los obreros peronistas en contra?”. Y le dije: “Yo diría que ´si yo gano, es porque los obreros peronistas me votaron´”. Al día siguiente, prendo la radio y le hacen la misma pregunta y él hizo un sutil cambio. Dijo: “No los voy a tener e contra, porque yo voy a ganar con los votos de los obreros peronistas”. Por la tarde, lo encontré y le dije: “Doctor Alfonsín, ¿usted realmente cree que va a ganar con los votos e los obreros peronistas?”. Y me dijo: “No, de ninguna manera. Pero con los de sus mujeres, sí. Hay que hacer una campaña dirigida a las mujeres. Y en las mesas masculinas ganó el peronismo, en las femeninas ganó Alfonsín. Él tenía la estrategia bien clarita.

Con esto que me está contando, se revela que era él el cerebro de la campaña publicitaria. Ustedes ejecutaban no más.

– Yo podría decir o Ratto “fue el genio”, pero lo que nosotros hicimos fue acompañar a ese genio político, el último en los últimos 50 años en la Argentina, hasta ese momento, la anterior fue Evita, en lo que él había planteado. La verdad es que ninguna campaña, por mejor que sea, puede hacer ganar a un zoquete.

Y hablando de eso, saltamos 30 años hasta ahora. Usted que se ha dedicado a esto toda la vida, ¿cómo ves las actuales campañas publicitarias electorales?

– Quizá haya alguna excepción, pero las de ahora fueron hechas por zoquetes para zoquetes. Ahora, hay muchas contradicciones en este país: en Mendoza, Cobos ganó por muerte y es candidato radical. Fue el que quisieron hacer renunciar a la vicepresidencia por la ley del campo. Pero hay un candidato radical, o que juega para los radicales en la Capital Federal, que entró como diputado, Martín Lousteau, que fue el que hizo esa ley. Es raro este país. Y después, es raro y entendible el enorme triunfo de Massa sobre el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires. Pero él mismo lo dice en el nombre: “Frente Renovador”. Y se llevó, quizá, a mucha gente buena del kirchnerismo, entre ellos, Lavagna. Pero es kirchnerismo, no es oposición.

Entramos en el análisis político

– Es que sin análisis político tampoco hay campaña política.

Exactamente. ¿No lo ve a Massa como una especie de Menem moderno?

– Mire: yo lo conocí a Menem antes de que fuera presidente y no voy a hacer ninguna defensa de Menem. Pero vos hablabas con Menem y te dejaba con la boca abierta. Era un líder en serio y Massa no. Es un muchacho que está ahí y que, sinceramente, no creo que llegue a la Presidencia.

Ahora que las redes sociales intervienen en las campañas. ¿Los políticos intervienen en su uso o se lo dejan a “especialistas”?

– Yo puedo contar el caso de Massa porque lo conozco. Inició una campaña, que no sé quién se la hizo, que era terrible. Parecía de los años 60, con él bailando y saludando a la gente. Y después contrató a la agencia Walter Thompsom, una agencia multinacional, antes americana y hoy británica, que le hizo una correcta campaña en la cual la primera película la tuvieron que sacar del aire, porque la había copiado de una de Zapatero en España, y la segunda era una simpática película política, que podría haber servido por igual para Massa, De Narváez o para cualquiera. Tuvo mucha plata, mucho apoyo y muchos afiches correctamente diseñados y, además, era el momento de Massa, aparte de la campaña. La campaña fue mala. Otras, fueron peores. La de Martín Insaurralde fue un desastre.

¿Por qué?

– Lo puedo explicar. Alfonsín, tenía el “R.A.” ue significaba, también, “República Argentina”. Entonces el creativo que hizo la campaña de Insaurralde inventó el “MI”. Del “R.A.” al “MI”, pero no es lo mismo. Entonces, él decía: “MI infancia”, “MI mamá”, “MI papᔅLo único que le faltó decir es “MI jefa” y que le podría sumar votos.

Ni hablar de los chistes en Twitter por su relación con Jéssica Cirio

– En eso no me meto. Porque es muy lógico que un muchacho que surge de la nada se sienta una gran persona si se levanta a la “MIau” del momento. Pero cuando uno es político, tiene que ser serio.

Una advertencia: le dijo a Alfonsín que no iba a ganar las elecciones y le acaba de decir a Massa lo mismo. ¿No estará cometiendo el mismo error por segunda vez?

– A Alfonsín yo le dije que iba a ganar por poco. Y voy a contar otra anécdota: cuando se hizo el acto de Alfonsín en el Obelisco, después fue el acto de Luder. El día en que cerraba su campaña Luder, Alfonsín cerraba en Rosario. Nos reunimos en la oficina de Ratto, porque por distintos motivos, ninguno había ido a Rosario, él, Emilio Gibaja (que después fue secretario de Información Pública) y yo. Entonces, David trajo una botella de champán y dijo: “Brindemos ahora porque el domingo no vamos a poder hacerlo”. Y yo le dije: “El domingo ganamos por 3 puntos”. Y Gibaja me dijo: “Raúl está mucho más loco que vos, ganamos por mucho más”. Hubo muchas cosas que nos llevaron a eso, aparte de su convencimiento. También yo hablé con Menem cuando era gobernador de La Rioja, antes de que le ganara la interna a Cafiero, y me empezó a contar que él quería que Alfonsín ganara la reelección porque él no se iba a sentir presidente hasta que no le ganara a Alfonsín. Y cuando lo escuché yo empecé a decir que iba a ser presidente. ¿Por qué? Porque estaba más convencido que Alfonsín. Eso es fundamental.